Algunos recientes episodios de la vida de personas que conozco, me hacen reflexionar sobre la necesidad que tenemos los seres humanos de permitir que las cosas, las personas, las situaciones, se vayan de nuestro lado. Como dice (o decía) Facundo Cabral, no perdemos cosas ni personas, el universo nos libera de ellas para que podamos continuar y crecer internamente.
El miedo a la pérdida nos puede producir hasta afecciones de salud, porque se trata de aquello que nos ata con esta vida. Pero la vida la podemos vivir sin necesidad de depender. Amar desprendidamente y vivir sin apego hacia trabajos, posesiones, personas, etc., nos permite disfrutar más de cada experiencia que encontramos en el camino, porque podemos vivir esa situación como los niños: sin ninguna expectativa, sólo por la felicidad de vivir y disfrutarla.
Vinimos solos y solos vamos a partir. Si el diseño del universo hubiera sido que cargáramos con todo lo que nos apega, seríamos objetos, no individuos que en la experiencia de nuestras vidas llegamos a comprender que así como nada ni nadie nos puede hacer felices o infelices, o que en nada ni en nadie está la clave para nuestro crecimiento como individuos, como seres, como hijos del Dios universal, podremos andar la vida más ligeros, pero sobre todo, con un amor más sincero y cierto hacia nuestros semejantes.
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