sábado, 7 de mayo de 2011

Parece que estamos bien

Gracias a una invitación de Kia, tuve ocasión recientemente de conocer dos excepcionales ciudades europeas: Barcelona y Frankfurt.
La una, muy latina en su modo de relacionarse, algarabía, mucha gente caminando por las ramblas, bastantes migrantes latinoamericanos y africanos. Se nota la influencia. Es una ciudad muy hermnosa con mucha cultura, además los días que estuvimos fueron soleados entonces fue mucho más lo que se pudo ver del bullicio (europeo) que mueve la ciudad que se reformó totalmente para los Olímpicos de 1992.
Antes, según narran sus mismos moradores y la historia, era una ciudad gris que no prometía mucho en su futuro, pese a que a sus alrededores se tiene la vista más fascinante del Mediterráneo.
Luego está Frankfurt, una ciudad que tuvo que ser reconstruída totalmente luego de la Segunda Guerra Mundial. Moderna, organizada, amable con sus ciudadanos, muy cuidada, muy parca, hecha para vivir bien, en armonía con los demás. También muy bella y vital,a su manera. Menos escandalosa que Barcelona, pero sus altos y garbosos habitantes tienen en la cara una señal de que se la disfrutan y así lo quieren seguir haciendo.
Narro lo anterior, porque uno de los compañeros de viaje, no soportó a Frankfurt, casi no lo convencemos de que por lo menos tomara una foto. "Prefiero la bulla y el desorden de Bogotá, esta ciudad no tiene vida", fue la respuesta que obtuvimos y volvió a encerrarse en su habitación del hotel.
Respetable su punto de vista. Pero yo por el contrario preferiría que hubiéramos avanzado un mínimo para que todo lo que se haga sea para el bienestar de los ciudadanos. Así la ciudad sea gris.

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