domingo, 20 de febrero de 2011

¿Libertad ilimitada?

No me considero de pensamiento conservador. Me parece que la humanidad ha tenido muchas conquistas en ese aspecto y valoro que cualquiera se pueda expresar en el modo y lugar que a bien tenga.
Pero también creo que en esa defensa de la libertad, no se puede aceptar todo. Recientemente comencé una Maestría en la UTP en Pereira, y las clases se desarrollan en el edificio de Bellas Artes (muy bonito, por cierto). Pero lo que no estoy entendiendo es porqué un parque contiguo a ese edificio pudo ser habilitado para que varios grupos de estudiantes consuman marihuana (por el olor los conoceréis), y quién sabe qué otras cosas más.
Ok, cada cuál es libre de hacerse daño con lo que quieran (unos con el alcohol, el cigarrillo, la comida insana, la gente tóxica, etc.), pero ¿hay que aceptar sin chistar que eso ocurra, dentro de las instalaciones de la universidad?
El otro día unos queridos amigos me invitaron a una comida, ellos tienen hijos preadolescentes y están preocupados por lo que está pasando en los colegios locales. Yo estaría paniquiada si hubiera tenido babies. Imagínense que las niñas están falseando documentos como sus partidas de nacimiento para poder obtener una cédula, que a su vez les permita entrar a los lugares de moda sin problemas con la autoridad. Parece que hay funcionarios que cobran el favor con algún cariñito. ¡Y hay papás a los que eso les parece una hazaña! ¡Mi hija es una verraca, es una delincuente!
También escuché que los niños están consumiendo viagra (niños de 13 y 14 años), porque quieren experimentar más allá de lo posible, les venden la pepa azul en las droguerías. Ya hay varios infartados.
O me llegó la sejuela o ya no estoy entendiendo cómo es que se come eso de la libertad, que para mi generación -o por lo menos para mí- tenía que ver con derechos, no con volverme una estafadora, alevosa (pero sólo para poder meter marihuana en paz) o hacerse la interesante en las rumbas de mágicos.

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