El aeropuerto de Pereira es una caja de sorpresas, por donde se le mire. Su vista general es la de un baño (díganme si los azulejos que tiene no son de baño); tiene un espejo (SÍ, UN ESPEJO) con el que se pueden guiar los pilotos de los grandes aviones para dar reversa y salir de la zona de abordaje; tiene gimnasio (SÍ, GIMNASIO), que se ve por las únicas escaleras de acceso a la zona de equipaje.
La operación es la siguiente: a usted lo meten en una de las salas de abordaje (2) para un aeropuerto que mueve 700 mil pasajeros al año. Apiñados, como una reproducción de lo que ocurre en el centro de la ciudad, el pasajero debe conformarse con 1 restaurante de cadena, y unas deliciosas empanadas de pollo o de carne, si tiene que esperar mucho. No tiene dónde comprar artesanías de la zona (extrañamente la tienda más especializada está en el centro, al lado del lago Uribe Uribe).
Hay que decir que estos negocios (que me imagino le pagan arriendo al aeropuerto), abren en horario de oficina, y difícilmente usted encuentra un café los domingos o festivos que se supone son días que más gente mueven.
Y eso que ya quitron los jueguitos para niños de moneda, el trencito y el hipopótamo, que no dejaban por dónde pasar a la gente...como en el centro de Pereira.
Hay bar (o había, ya ni se sabe). Los pasajeros dejan en los botes de basura las botellas de aguardiente y ron que acaban de tomarse, para poderse ir más de medios a andar el mundo (o a joder a los demás pasajeros, que madrugaron a las 4 de la mañana para abordar el vuelo de las 6).
Cuando llega a Pereira, lo hacen subir y bajar como en un tobogán por las mismas escaleras, a recoger su equipaje. Nadie sabe porqué hay que dar la vuelta, pero hay que hacerla, ni más faltaba.
Cuando se ven las películas que recrean guerras y los aeropuertos de combate de las tropas americanas, el de Pereira se parece mucho a esos. Hay espacios que nadie entiende porqué no son utilizados para hacer más cómodo, confortable y de acuerdo a su categoría de aeropuerto internacional al Matecaña.
Me refiero a los dos parqueaderos (el más grande le pertenece a un político, eso dicen), o el sitio de parqueo de los taxis. Todo es raro en el Matecaña.
Puede pasar, por ejemplo, que no se sepa por dónde se metió un pasajero hacia la zona de abordaje. Todo funciona de una manera particular.
El Matecaña es un aeropuerto que se parece mucho a las calles de la ciudad que es su dueña.
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