Ni la ciudad bonita, ni ningún ningún, como diría un santandereano raizal. Estuve una semana en Bucaramanga, y además de una ciudad que pronto va a ser un desierto (pronto, en los tiempos calculados por los ambientalistas de ahora, puede ser dentro de 50 años), está sucia, desordenada, y tomada por la informalidad.
Atiborraron de construcciones las zonas de Cabecera del Llano y San Pío, con las mismas vías y redes de servicios públicos de hace 40 años y eso ya se ve en el color de su tierra, que cada vez se parece más a la de Barichara.
En Bucaramanga les puede parecer hasta bonita la comparación con el pueblo más lindo de Colombia, pero para una ciudad de más de 1 millón de habitantes que no tiene asegurado el servicio del agua por los próximos 20 años, no es para vanagloriarse.
La basura pulula por todas partes. No tengo idea de cuáles son las empresas que prestan el servicio de aseo -el de recogida-, parece que son varias, pero por lo que pude observar todas lo hacen mal-. Me recordó a esas narraciones de las ciudades europeas del siglo XVIII, donde todo lo que ustedes ya saben y que huele a lo que huelen muchas ciudades colombianas, pasaba por en frente de las casas.
Me llamó la atención -y confieso que me dio algo de risa nerviosa- un cartel que vi en la peatonal (qué digo peatonal, en la invadida calle 35), en la esquina de la 18 hay un cartel de la alcaldía de Bucaramanga que reza algo así como: "Este es un espacio recuperado para la movilidad". ¿Cuánto tiempo llevará allí el cartelito? Por pena deberían quitarlo.
Le oí a un experto en radio, que en Bucaramanga quedan 59 mil viviendas, casas, cuyo estado hay que verificar, para saber si hay que hacerles una intervención en sus cimientos y estado actual. Ojalá no sea que las van a tumbar todas, porque ya no se ve ni el cerro de Pan de Azúcar, que hasta hace muy poco tiempo era prácticamente visible desde toda la ciudad.
Va a perder su valor de ciudad que invierte y se preocupa por la educación, el empleo y el bienestar, si sigue creciendo desordenada y cochinamente.
Bucaramanga, la mugrosita, podía ser el nuevo eslogan.
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