Hay muchas cosas que me parecen incomprensibles aún en los episodios de enfrentamiento entre el mañana 7 de agosto ex presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez y los miembros de la Corte Suprema de Justicia.
También me parece horrendo, que hayan grabado irregularmente las reuniones de los magistrados de la Corte y hay que identificar a los responsables de ese tema, pero algunos comunicadores no se han aguantado las ganas de hacer todo lo posible desde sus micrófonos o sus plumas, para sugerir que fue el propio Uribe Vélez quien ordenó la filtración. Hay que probarlo.
Ese es sólo uno de los 'agujeros negros' en el enfrentamiento. Porque el rosario de cosas raras está adornado también por actuaciones no muy claras de miembros de la Corte que no han sido conocidas del todo.
A mí sí me gustaría saber qué decían -dicen- los magistrados en las conversaciones que les han sido grabadas ilegalmente. Salvo la última referencia -que si uno de ellos dijo o no que Uribe era asesino-, no ha sido posible saber el contenido total de esas grabaciones. A los medios filtran coletillas, pero con menciones insignificantes. También me gustaría saber qué sabe el gobierno de las cuentas bancarias e inversiones que tienen los miembros de la Corte. Ellos son servidores públicos, sus cuentas deben ser libros abiertos para el común, que tenemos derecho a saber qué hacen los que tienen como labor administrar justicia.
La última perla del collar, no obstante, es de ripley. El magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Luis Javier Osorio, dijo que unos abogados le habían ofrecido un soborno para que apoyara el nombre de Margarita Cabello como nueva Fiscal General de la Nación.
Pero luego de lo dicho por el magistrado, en el mismo día en que se habló del tema de la posible mención en la Corte de que Uribe es un asesino-, aquél sufrió de una repentina amnesia que le produjo que su memoria recuerde quiénes fueron los que le hicieron el delictivo ofrecimiento, ni cuándo. Como selectiva la señora memoria del Dr Osorio.
Si a mí alguien me ofrece un soborno, yo no olvidaría fácilmente ni su cara, ni su nombre, ni lo que me ofreció. Me preocupa que en el máximo tribunal de administración de Justicia, trabaje un personaje que tiene tales problemas de memoria, porque qué tal caer en sus manos para resolver una demanda. ¡Qué susto!
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