Yo pertenezco a una generación que creyó que podía cambiar el mundo, por lo menos nuestro particular mundo de 2 millones 070 mil 408 kilómetros cuadrados de superficie que constituye nuestro país.
Para hacerlo, nos preparamos en una aún estricta educación formal que obligaba a esforzarse y mucho, en diferentes aspectos, porque había que 'comerse' el mundo intelectualmente y parecerse a muchos de los sabios que en la historia antigua fomentaron cambios.
El cambio no llegó como prometían los líderes estudiantiles, en diferentes formatos y con diferentes armas, en las universidades públicas y privadas a las que tuvimos que asistir. Quedaba entonces la posibilidad de realizar lo mejor que se pudiera desde las profesiones y en eso andamos, pero para muchos de los de mi generación en el primer momento de los balances, parece que solo sienten muchas frustraciones.
La principal, es que no hicimos causas comunes. Cuando mataron a Luis Carlos Galán, por ejemplo, muchos desistimos de hacerlas, porque ya no había caso, ya los otros ganaron.
Por temores, por falta de liderazgos, porque las vocerías que surgieron no se parecían mucho a la gran mayoría de nosotros. No queríamos armas de ninguno de los lados, entonces fuimos acorralados porque supuestamente éramos 'fresas' y no teníamos compromisos sociales de lucha.
Tal vez no nos tocaba cambiar nada sino hacer nuestro mejor esfuerzo, desde los espacios que nos daba y nos da la historia. Tal vez como ya no teníamos que abrir trocha, nos correspondía edificar sobre otros valores y otras inquietudes.
Yo no me siento derrotada como le he escuchado en estos días a muchos de mis vecinos de calendario. A ellos los admiro mucho, no digo sus nombres por pura cortesía, pero esa modestia no puede impedir que diga lo que le han aportado al periodismo, al medio ambiente, a la ingeniería, a la medicina, a la arquitectura, a la enseñanza, al mundo empresarial.
De manera que ánimo generación sándwich, que bastante dura la tuvimos para levantarnos después de unos cambios que no se veían desde comienzos del siglo XX. Yo cancelo el pesimismo.
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