viernes, 30 de julio de 2010

Colombia puede mejorar, si quiere

Esa bendita frase de que así lo hacemos porque así somos, cada vez se me antoja más una disculpa para no cambiar comportamientos que nos hacen daño como sociedad, o que nos hacen aparecer como un circo humano.
El sábado 24 de julio, llegué en un vuelo de Houston a Bogotá, junto con otras 220 personas. Al mismo tiempo que nuestro vuelo llegaron 5 más de esa procedencia. Eran las 9:30 de la noche y como comprenderán todos estábamos a punto del desmayo por cansancio. Pero hacía falta el suplicio.
En la zona de migración en Bogotá, no hay prelación para los nacionales, como existe en todas partes del mundo. Tampoco se respeta a la gente mayor de edad ni a los niños menores o a las personas con discapacidad.
Nos indicaron hacer dos filas, que a los 20 minutos se habían convertido en 5, por efectos de nuestra 'viveza' local, que hace que nos parezca divertidísimo irrespetar a los demás.
Muchos de esos 'vivos' (todo eso nos dejó la cultura mafiosa, la del camino del medio, el camino fácil), venían en el vuelo que nos trajo de Houston. Y no dejó de extrañarme la forma como se comportaron como ciudadanos ejemplares en el aeropuerto norteamericano. Hicieron juiciosos su fila, entregaron sus documentos, respondieron respetuosamente (o con algo de miedo como nos ocurre a todos los sudacas con los hombres y mujeres de azul de los aeropuertos de Estados Unidos, así no debamos nada) a las preguntas de los funcionarios de migración.
Pero fue llegar a Bogotá y es como si hubieran dado la largada a unos potros salvajes. Es irónico. Demandamos disciplina, orden, que no haya corrupción, en el extranjero no hacemos sino quejarnos del porqué no seremos capaces de actuar como sociedad organizada, pero en nuestra casa, en nuestro país, se nos despierta el animal doméstico (que no domesticado), que llevamos dentro.

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