viernes, 11 de junio de 2010

¿Usted no sabe quién soy yo?

He tenido que viajar al exterior por  cuatro de las salidas internacionales que hay en Colombia: Bogotá, Bucaramanga, Medellín y Pereira. Tengo que decir que el mayor complique para las salidas lo tiene Pereira.
Para las autoridades debe ser un camello controlar la salida de niñas que salen con la bendición del Estado y las mamás a prostituirse a diferentes partes del mundo (no estoy mintiendo) y cuyo embarque es Pereira;  o detener a quienes intentan sacar droga (que son muchos) y definir cuáles de los viajeros se van, solamente a viajar porque les toca (negocios, estudios, trabajo, etc.) o simplemente porque se les da la gana y tienen con qué. Los ‘normales’ somos mayoría, hay que aclararlo y a las autoridades les corresponde investigar y evaluar caras y comportamientos.
Hago estos comentarios, porque la popular ‘raquetiada’ (la Academia Española ya debería aprobar esta palabra) es bastante molesta. Todos tenemos cara de narcotraficantes, mulas o nos espera en el puerto de destino un baboso de la Yakuza. (Aunque pensándolo bien, en mi caso y para este último rol, yo ya sería mercancía devaluada por la información que contiene la cédula, entre otras razones).
Pero volviendo  a la idea original, me ha tocado escuchar varias veces la popular frase: USTED NO SABE QUIÉN SOY YO. Y el autor o la autora de esos sonidos es, usualmente, un funcionario público o un presidente de un equipo de fútbol.
Por supuesto a ellos los dejan pasar como a reyes por la zona de migración, difícilmente alguien les revisa el equipaje de mano o se toman la molestia de abrirle el computador portátil para saber si lleva drogas y no piojos de mis espulgadas, como en este caso.
Recientemente tuve una charla muy seria con un subintendente de la policía a propósito de  un incidente de este tipo. No vale la pena contar qué ocurrió, porque ellos lo saben y fue en Pereira. Pero lo que él me dijo me obliga a guardarle la espalda.
Es de tal soberbia el poder en Colombia y tan difícil aplicar las normas por igual a todos los ciudadanos, que por ejemplo si ese subintendente o uno de los policías que hacen requisa en el aeropuerto no deja pasar como se le da la gana al Dr o a la Dra,  los mandan por castigo para el Putumayo o para el Caquetá y por supuesto ellos no van a querer alejarse de sus familias  ni de su entorno. ¡Que pase el Rey, que ha de pasar…!
Eso no está bien. Los senadores, concejales, alcaldes, contralores, jueces, policías, en fin, todos los servidores públicos, son los que deben dar ejemplo. Por eso es que a veces Colombia se parece a una finca, y los gobernados a los cuidanderos de la tierra del patrón. Porque aquí no hay forma de que la ley ni las normas se apliquen en la misma medida para todos.
Y si algunas autoridades osan cumplir su deber, aplicando esas normas por igual a todos los ciudadanos, lo pueden asustar con el coco del Caguán o la frontera con Venezuela. Yo me moriría del miedo.

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