martes, 11 de mayo de 2010

Si se quiere, se puede

En Bucaramanga hay un colegio, que es una de esas muestras de que no necesariamente la educación pública tiene que ser de mala calidad o pésimamente administrada.
Me refiero al colegio Normal Superior. Conozco a su rectora, Piedad Santos. Mientras yo asistía a las aulas de Comunicación Social en la Unab, ella lo hacía en Educación Preescolar. Pertenece a mi generación. (Luego hablaremos con parsimonia de esa generación).
A ella le encomendaron hace algo más de 5 años la labor de sacar del foso ese colegio, en el cual ella misma había estudiado y que tiene la no despreciable cifra de 3 mil 500 estudiantes.
Pues bien, Piedad llegó y armó su grupo de colaboradores y se puso manos a la obra. Cinco años después la Normal Superior de Bucaramanga no sólo está en los primeros lugares en los Ecaes de Santander y del país, sino que tiene unos de los mejores puntajes de estudiantes del Icfes.
Sin conocer mucho el proceso, intuyo que no tuvo que ser necesariamente un jardín de rosas, porque debió encontrar resistencias. De los que se niegan a cambiar.
¿Qué hizo la educadora? Lo que le correspondía. Educar, administrar correctamente los recursos de todos y poner su mayor esfuerzo al servicio de la educación. Hizo lo correcto, y eso hace la diferencia.
Hay niñas que apenas están aprendiendo a hablar, que ya pueden sostener una conversación en inglés con sus interlocutores. Los estudiantes pagan $12 mil al año y las directivas de ese colegio hacen rendir ese dinero, lo administran correctamente y por eso es que también los premia el Ministerio.
Cuando se conocen casos como el de Piedad o el de la entidad que administra, uno no deja de preguntarse por qué no pueden actuar correctamente los que tienen opción de formarse en la academia o a los que se les encarga salvaguardar recursos públicos.
¿Por qué será tan difícil que algunos comprendan que los recursos de todos no pueden irse al bolsillo de unos? ¿Qué lleva a un personaje a querer vengarse de la sociedad, robándose todo lo que pueda cuando accede a un cargo público? ¿Cuál es el afán no del ascenso social, sino de estrato?
Comprar el estrato es una nueva forma de hacerse 'querer' en la sociedad. La moda la empezó el narcotraficante. ¿Por qué esperar a educarse, especializarse y ser productivo profesionalmente en la sociedad, si ese camino se demora mucho? ¿No será mejor -piensan tanto el corrupto como el mafioso- apurarse en ese proceso?
Pero me estoy saliendo del tema. Quería, desde mi blog, hacerle un homenaje a personas como Piedad. Por hacer lo que toca y transmitírselo a las nuevas generaciones.

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